Un accesorio que ocupó espacio
Entre finales de la década de 1820 y mediados o finales de la de 1830, el peinetón se convirtió en una presencia destacada en la indumentaria femenina de Buenos Aires y Montevideo. Era un peine ornamental de una sola pieza, generalmente de carey, cuya zona visible podía alcanzar dimensiones extraordinarias. Su auge permite observar la moda no solo como una sucesión de siluetas, sino como una práctica ligada a la vida urbana, el consumo y las disputas por la visibilidad.
Los retratos de Charles Henri Pellegrini y otros artistas muestran peinetones de tamaños y ornamentaciones distintos. Las litografías de César Hipólito Bacle, publicadas en Trages y costumbres de la provincia de Buenos Ayres, los sitúan en escenas urbanas y distinguen entre el atuendo de mañana y la ropa para salir. Esa diferencia importa: una imagen registra una elección o una convención representada, no lo que vestía toda la población femenina.
De la peineta al peinetón
El accesorio se relacionaba con la peineta española, introducida en el Río de la Plata alrededor de 1815. Desde 1824 creció el interés por peines cada vez mayores y más elaborados. Se ha propuesto que los modelos locales combinaron influencias españolas y francesas, entre ellas peinados altos y peines de carey difundidos en Europa. En lugar de atribuir su creación a una sola persona, algunos estudios entienden el peinetón como resultado de la demanda, la competencia comercial y la adaptación local de referencias extranjeras.
Manuel Mateo Masculino, fabricante llegado de España en 1823, fue una figura importante en su producción y difusión. Abrió una tienda en Buenos Aires en 1825 y sus diseños fueron imitados por otros comerciantes. Su papel destacado no demuestra que inventara el accesorio: las fuentes permiten reconocer su actividad artesanal y comercial, mientras otras interpretaciones lo consideran un producto desarrollado colectivamente por el mercado y sus usuarias.
Fabricar un peinetón requería conocimientos especializados. Las planchas de carey se ablandaban, cortaban y unían; luego se moldeaban, calaban, cincelaban y pulían. También se empleaban materiales más económicos, como el asta. Las investigaciones sobre el tema señalan que en los talleres trabajaron personas de distintas posiciones sociales, incluidos trabajadores esclavizados o libertos, mujeres y niños. La historia material del accesorio remite así a una cadena de producción compleja, que el objeto terminado no deja ver por sí solo.
Distinción, política y presencia pública
El coste del carey y el trabajo de elaboración hacían del peinetón un artículo de lujo. Sin embargo, las fuentes y las interpretaciones académicas no coinciden plenamente sobre quién podía comprarlo ni con qué frecuencia se usaba. Los retratos de mujeres de la élite documentan un uso visible; otras representaciones y relatos apuntan a aspiraciones de consumo más amplias. Que el accesorio aparezca en imágenes de distintos tipos no prueba que estuviera al alcance de todas.
Su volumen también alteraba la experiencia de la calle. Crónicas y caricaturas convirtieron su tamaño en motivo de conversación y sátira. Se registra además una regulación policial del tránsito peatonal asociada a la estrechez de las veredas. Algunos autores interpretan la ocupación física del espacio como una manera de afirmar la presencia femenina en la esfera pública. Otros subrayan la contradicción: el peinetón hacía visibles a las mujeres, pero podía limitar sus movimientos y alimentar críticas a su papel fuera del ámbito doméstico.
El accesorio adquirió también significados políticos. Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, algunos modelos incorporaron efigies y consignas federales, y el peinetón llegó a asociarse con mujeres federales. Eso no convierte cada pieza en un emblema político: sus motivos y contextos de uso deben examinarse caso por caso.
Imágenes, prensa y objetos conservados
Las fuentes de la época ofrecen evidencias distintas. Un anuncio habla de venta y promoción; una caricatura refleja una disputa y exagera para producir un efecto; un retrato registra una representación concreta y sus convenciones. Los relatos de viajeros cuentan qué llamó la atención de sus autores, no ofrecen una encuesta sobre la población. Leídos en conjunto, estos materiales permiten reconstruir usos y debates sin convertir la moda de un grupo visible en la vestimenta de toda una sociedad.
Hoy se conservan peinetones en distintas colecciones públicas argentinas, entre ellas las del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo Histórico Nacional y el Museo Histórico Cornelio de Saavedra. Junto con las litografías y la prensa, los objetos permiten estudiar materiales, técnicas y ornamentación, así como los significados que se les atribuyeron. El interés histórico del peinetón no depende de que todas las mujeres lo llevaran: reside en cómo un objeto concreto hizo visibles las relaciones entre fabricación, clase, género, política y espacio urbano.
- Década
- Antes de 1950
- Región
- Latinoamérica
- Nivel
- Aficionado
- Entidades
- Peinetón, Buenos Aires, Peinetón rioplatense, Trages y costumbres de la provincia de Buenos Ayres
Fuentes y referencias
- Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural en soporte Papel - Museo Jesuítico Nacional de Jesús Maríadoi.org · 2026-11-07
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- Peinetónes.wikipedia.org · 2026-11-07