Los peinetones fueron peines ornamentales de gran tamaño que llamaron la atención en Buenos Aires y Montevideo durante las décadas de 1820 y 1830. Más que un complemento llamativo, permiten observar cómo la moda articulaba consumo, trabajo artesanal, jerarquías sociales y presencia femenina en las calles. Retratos, litografías, prensa y relatos de viajeros ofrecen perspectivas distintas sobre esa historia, aunque ninguna imagen aislada representa por sí sola la ropa de toda la población.
De la peineta al peinetón
El peinetón partía de la peineta española, introducida en el Río de la Plata alrededor de 1815, pero adquirió formas mucho mayores y una elaboración local. Se fabricaba sobre todo con carey; también se empleaba asta cuando el carey escaseaba o era demasiado costoso. Las planchas se cortaban, calentaban, unían, calaban y pulían. La ornamentación podía incluir motivos vegetales, animales y geométricos, además de inscripciones políticas en algunos ejemplares.
No se puede atribuir con seguridad la invención a una sola persona. Manuel Mateo Masculino fue uno de los fabricantes más destacados y contribuyó a difundir modelos, pero la moda también pudo surgir de la competencia entre talleres y de la demanda de las usuarias. El peinetón se entiende mejor como resultado de una red de producción, comercio y consumo que como la creación exclusiva de un único artesano.
Su desarrollo coincidió con una moda femenina de inspiración europea, marcada por cinturas ceñidas, mangas voluminosas y peinados elaborados. El accesorio, sin embargo, tomó una escala y una presencia propias en el Río de la Plata. Esa combinación de referencias externas y elaboración local permite pensar la moda como adaptación, no como una simple copia.
Retratos, estampas y observadores
Los retratos de Charles Henri Pellegrini y otros artistas muestran peinetones junto a vestidos de cintura marcada y mangas amplias. Permiten comparar tamaños, formas y maneras de disponer el cabello, pero suelen representar a mujeres de sectores acomodados. Las litografías costumbristas de César Hipólito Bacle ofrecen otro registro: presentan escenas y tipos urbanos y, en algunas, la dimensión del peine se vuelve motivo de humor o crítica.
La diferencia entre esos géneros importa. Un retrato puede destacar la posición social de quien posa; una estampa puede exagerar un rasgo para producir un efecto. Los relatos de viaje, como los de Alcide d’Orbigny y Arsène Isabelle, recogen la impresión de observadores extranjeros sobre la moda porteña. Son testimonios situados, no descripciones neutrales de toda la sociedad. Leídos en conjunto con anuncios y registros comerciales, ayudan a reconstruir usos y circulación con mayor cuidado.
Algunas representaciones hacen visible el contraste entre el peinetón y el espacio estrecho de las calles. La prensa también publicó elogios y burlas sobre su tamaño. Estas imágenes y comentarios prueban que el accesorio fue objeto de atención pública; no permiten concluir que todas las mujeres lo llevaran ni que las representaciones reprodujeran fielmente cada situación cotidiana.
Lujo y trabajo detrás del adorno
El carey importado y la elaboración especializada hacían del peinetón un objeto costoso. Algunas fuentes registran aspiraciones de mujeres de distintos sectores sociales, pero desearlo no equivalía a poder comprarlo. La iconografía conservada concede especial visibilidad a las mujeres acomodadas; testimonios sobre trabajadoras, comerciantes y mujeres afroargentinas amplían el panorama, sin convertir una práctica desigual en una costumbre universal.
La fabricación revela también relaciones laborales y raciales de la época. Estudios sobre los talleres describen una división del trabajo en la que hombres libres podían desempeñarse como propietarios o capataces, mientras personas esclavizadas o libertas, incluidas mujeres y niños, realizaban tareas artesanales. Así, el adorno que aparece en los retratos de mujeres de élite dependía de un proceso productivo que esas imágenes apenas mostraban.
La importancia de esa producción no se agota en el valor de los objetos terminados. El peinetón conectaba el abastecimiento de materiales, las técnicas de taller, la venta y la demanda de las usuarias. Seguir esas relaciones desplaza la mirada desde el accesorio como curiosidad estética hacia las personas y el trabajo que lo hicieron posible.
Volumen, género y espacio público
Para varias investigadoras, el peinetón ofrece una vía para estudiar la relación entre género y ciudad. Su tamaño hacía más visible el cuerpo femenino en la calle; las críticas a esa presencia podían expresar inquietud ante formas de participación que excedían los límites domésticos. Se trata de una interpretación histórica, no de una intención demostrable compartida por todas las usuarias.
El mismo volumen que podía dar distinción también podía generar incomodidad, sátira y vigilancia. Las caricaturas que lo muestran como obstáculo en las veredas revelan una disputa sobre el uso del espacio urbano, aunque deben leerse como imágenes satíricas y no como registros literales. La moda, en este caso, no fue solo una elección estética: su presencia se debatía en público.
Algunos peinetones incorporaron efigies o consignas federales asociadas al gobierno de Juan Manuel de Rosas. No todos los modelos tenían esa decoración, y su presencia no permite atribuir una posición política a cada mujer que lo usaba. Sí muestra que ciertos objetos podían funcionar como soportes de señales partidarias en un contexto de conflicto político.
Una historia hecha de fuentes distintas
Los peinetones dejaron huellas en retratos, litografías, periódicos, relatos de viaje, anuncios e inventarios; hoy se conservan ejemplares en museos argentinos. Cada tipo de fuente permite responder preguntas diferentes: el objeto informa sobre materiales y técnicas; la imagen muestra cómo se representaba sobre un cuerpo; el anuncio registra comercio y promoción; la crónica transmite la mirada de quien observa. Ninguna, por sí sola, demuestra cómo vestía toda la población.
Al contrastar objeto, imagen y texto, el peinetón se convierte en un caso fértil para estudiar la moda rioplatense del siglo XIX. Su historia reúne adaptación de referentes europeos, consumo y jerarquía social, organización del trabajo artesanal y debates sobre quién ocupaba las calles. Su significado dependía de quién lo fabricaba, lo llevaba, lo observaba o lo criticaba: un mismo accesorio podía ser lujo, trabajo, distinción y motivo de controversia.
- Década
- Antes de 1950
- Región
- Latinoamérica
- Nivel
- Aficionado
- Entidades
- Peinetón, Buenos Aires, Peinetón rioplatense
Fuentes y referencias
- La moda como herramienta performativa en el museo contemporáneoopenalex.org · 2026-11-05
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- Peinetónes.wikipedia.org · 2026-11-05