Un aparato nuevo, una experiencia colectiva
En Mar del Plata, la llegada de la televisión durante los años sesenta no convirtió de inmediato el aparato en un objeto privado, instalado en un lugar fijo de la casa y destinado solo a la familia. Durante un tiempo, mirar televisión podía significar ir al club del barrio, a una sociedad de fomento o, con mayor frecuencia, a la casa de un vecino. La historiadora Inés Pérez reconstruye esta etapa en su estudio sobre los usos del televisor en la vida cotidiana entre 1960 y 1970, a partir de entrevistas a habitantes de la ciudad y de la prensa local.
El caso marplatense permite observar que la asociación hoy familiar entre televisor y hogar tuvo una historia. Las prácticas no dependían solo de la tecnología: también intervenían el precio del aparato, la disponibilidad de señales, las relaciones de vecindad, las diferencias generacionales y la organización del trabajo doméstico. En esos primeros años, el televisor podía ser a la vez una novedad pública, una adquisición prestigiosa y un motivo para cruzar la puerta de otra casa.
La televisión llegó en tiempos distintos
La televisión argentina había comenzado sus emisiones en Buenos Aires en 1951, pero durante años la recepción se limitó a la capital. En 1960 aparecieron Canal 12 de Córdoba y Canal 8 de Mar del Plata; la televisión llegó así a algunas ciudades del interior. Esa distancia temporal respecto de Buenos Aires dio al proceso marplatense un carácter particular: prácticas que allí habían aparecido en etapas sucesivas —ver en espacios públicos y, más tarde, en la vivienda— coincidieron en Mar del Plata con la expansión de la compra de televisores y la formación de una audiencia local.
La llegada de Canal 8 generó expectación, aunque tener un aparato no garantizaba poder ver programación local. En el recuerdo de una familia entrevistada por Pérez, el televisor se había comprado unos seis meses antes de que empezaran las emisiones del canal. Durante la espera, sus dueños intentaban captar señales de Buenos Aires y, ocasionalmente, de Uruguay o Brasil. La anécdota muestra que la adquisición de un televisor podía preceder a su uso regular: el aparato era también una promesa de modernidad y una apuesta por una tecnología que aún no estaba plenamente disponible en la ciudad.
Visitar para mirar
El costo de los televisores restringía el acceso, aunque las ventas a crédito contribuyeron a que más hogares pudieran comprarlos. En los primeros años de difusión, muchas personas miraban en clubes, sociedades vecinales o casas de vecinos. Los testimonios que Pérez reúne describen una práctica social, no simplemente una solución provisional ante la falta de aparato: había relaciones de hospitalidad, rutinas y maneras de recordar quién recibía a quién.
En los relatos, los niños aparecen como quienes cruzaban con mayor frecuencia la frontera entre la casa propia y la ajena. Los adultos tendían a visitar menos o en ocasiones especiales; los más jóvenes, en cambio, podían acudir habitualmente a la casa de un vecino para seguir la programación. Pérez relaciona esa movilidad con las expectativas infantiles ante el nuevo medio y con una mayor flexibilidad en el uso de los espacios. En la vida de los niños, las fronteras entre adentro y afuera, y entre la casa propia y la de otros, podían ser más permeables que en la experiencia adulta.
Las memorias, sin embargo, no componen una versión única. Una familia que había comprado temprano un televisor recordaba las visitas de muchos niños del barrio; vecinos entrevistados no necesariamente se reconocían dentro de esa escena. La diferencia no invalida los testimonios: revela cómo los recuerdos de una misma práctica dependen de la posición desde la que se narran, de la relación entre las familias y de los significados que cada una atribuyó a recibir o visitar.
El televisor podía convertirse además en un signo de distinción. Una familia recordaba la compra de un aparato Philips importado, elegido por el padre pese a que costaba bastante más que otros modelos. Conservado por uno de sus hijos, el televisor representaba en el relato una inversión visible y prestigiosa. Para algunas familias, ser de las primeras en adquirirlo formaba parte de una historia de progreso; para otras, la espera o el uso de aparatos prestados marcaban una experiencia distinta.
El lugar del televisor dentro de la casa
Cuando el aparato entraba en una vivienda, el living o el living-comedor era un lugar habitual para instalarlo. Eran espacios compartidos por los miembros de la familia y abiertos a las visitas, y por eso permitían que el televisor estuviera a la vista. En un momento en que aún podía considerarse un artículo de lujo, su ubicación también comunicaba algo sobre la casa y sus habitantes.
Pero el living no era el único destino. Pérez encontró numerosos relatos de primeros televisores colocados en la cocina, una elección que no se ajustaba de manera simple a una clase social determinada. Allí la pantalla podía acompañar las tareas domésticas y permitir que mirar y cocinar ocurrieran al mismo tiempo. La cocina tampoco era un espacio inmutable: durante el siglo XX, los discursos sobre decoración y los cambios técnicos contribuyeron a presentarla como un lugar práctico, cómodo y atractivo, integrado de manera más amplia a la vida familiar.
La ubicación del aparato permite ver cómo los objetos se incorporan a las rutinas existentes, en vez de determinar por sí solos cómo se vive. Un televisor en la cocina podía hacer posible una recepción intermitente durante las tareas; en el living, podía reunir a familiares y visitas alrededor de una pantalla. Y cuando no había aparato propio, la televisión trasladaba la actividad a la casa de otra persona y la convertía en una experiencia de vecindad.
Ocio, tareas y género
La prensa local de los años sesenta recoge juicios que presentaban mirar televisión como una pérdida de tiempo, sobre todo al relacionarla con las tareas que se atribuían a las mujeres. Las entrevistas de Pérez muestran la distancia entre esas prescripciones y la vida cotidiana. Algunas mujeres recuerdan que no tenían tiempo para mirar porque trabajaban y, además, asumían responsabilidades familiares. La televisión entraba así en hogares donde el trabajo doméstico seguía organizando el tiempo y condicionando quién podía sentarse a ver un programa.
Esta tensión ayuda a comprender por qué la presencia del televisor en la cocina no puede explicarse únicamente como una preferencia de decoración. La simultaneidad entre mirar y realizar tareas permitía integrar la televisión a una jornada que no se detenía. El aparato ofrecía ocio, pero su uso tenía lugar dentro de una distribución desigual del trabajo y de expectativas de género que la nueva tecnología no eliminó.
La domesticidad como una historia
Inés Pérez propone mirar el interior doméstico como un espacio formado por prácticas y significados cambiantes. El televisor no tuvo desde el principio un sitio natural ni un único modo de uso: podía convocar a vecinos, convertirse en una compra que exhibía prestigio, instalarse en una cocina o ser esperado por niños que todavía no podían recibir emisiones locales.
Las entrevistas permiten reconstruir experiencias y usos, pero son recuerdos narrados décadas después; la prensa de la época aporta otro registro, con sus propios ideales y juicios sobre la familia, el ocio y el trabajo. Leídas en conjunto, estas fuentes muestran que la incorporación de la televisión al hogar fue desigual y que la imagen del aparato como parte obvia de la vida doméstica se construyó con el tiempo.
La historia de Mar del Plata no es simplemente una versión tardía de la de Buenos Aires. La coexistencia de espacios públicos y privados, el peso de las visitas infantiles y la presencia del televisor en cocinas forman parte de una trayectoria local. Seguir esos usos permite entender que un aparato no trae consigo un modo de vida ya definido: su lugar se construye en las relaciones, las rutinas y las decisiones de quienes lo incorporan a su casa.
- Década
- Años 60
- Región
- Latinoamérica
- Nivel
- Aficionado
- Entidades
- Televisión, Buenos Aires, Argentina, Inés Pérez
Fuentes y referencias
- Comer y beber en compañía. Una historia de bares y cafeterías en Madrid, España (1875-1970)openalex.org · 2026-11-08
- La proyección artística de Pascual Blanco en Italia: grandes proyectos e hitos expositivosopenalex.org · 2026-11-08
- La domesticación de la “tele”: usos del televisor en la vida ...journals.openedition.org · 2026-11-08
- La Terceraes.wikipedia.org · 2026-11-08
- Historia de la modaes.wikipedia.org · 2026-11-08