Una cronología de documentos, no de nostalgias

La comida forma parte de la vida diaria con tanta naturalidad que resulta fácil reducirla a una colección de recetas, sabores o recuerdos. Sin embargo, las referencias reunidas para este artículo muestran otro camino: el de la alimentación como objeto de investigación histórica. No permiten reconstruir una historia completa de los productos, las marcas o el consumo de golosinas entre 1970 y 2009. Sí permiten observar cómo esa materia fue apareciendo en repertorios bibliográficos, museos, exposiciones y publicaciones académicas.

La cautela importa. Un catálogo no demuestra por sí solo el alcance social de una práctica; una conferencia anunciada no equivale a una investigación publicada; y una mención de fecha en una bibliografía no basta para atribuir a un libro tesis que aquí no se han consultado. Aun así, los materiales conservan una señal clara: comer dejó de ser solamente un asunto doméstico o gastronómico y pasó a ser una vía para interrogar la cultura, el patrimonio y la vida cotidiana.

1970 como punto de referencia bibliográfico

El texto académico alojado en Dialnet, titulado La historia de la historia de la alimentación, remite en sus fragmentos disponibles a publicaciones de 1970 y las presenta como un hito dentro de ese recorrido historiográfico. La formulación es significativa: no se limita a estudiar alimentos, sino que estudia cómo se ha estudiado la alimentación. Ese cambio de perspectiva transforma la pregunta. Ya no basta con saber qué se comía; también importa quién dejó constancia, desde qué disciplina, con qué fuentes y para qué público.

La Biblioteca Nacional de España conserva asimismo una guía bibliográfica de gastronomía en la que figura Cocina rápida, de Leonora Ramírez “Nora”, publicada en Barcelona por Bruguera en 1970. La presencia de una obra práctica en una guía institucional recuerda que la documentación alimentaria no se limita a los grandes tratados. Los recetarios y manuales son publicaciones fechables, editadas para lectores concretos y, por ello, posibles puertas de entrada a los hábitos, aspiraciones y lenguajes de una época. El fragmento disponible no permite describir su contenido ni medir su recepción; sí confirma su registro bibliográfico.

Alimentación: cultura además de sustento

La propia denominación de una exposición registrada por la Biblioteca Nacional resulta elocuente: ¡A comer!: alimentación y cultura. El catálogo corresponde a una muestra del Museo Nacional de Antropología celebrada entre mayo y noviembre de 1998. Esa unión de los términos “alimentación” y “cultura” sitúa la comida fuera de una explicación exclusivamente nutricional. Una exposición transforma objetos, imágenes, textos y prácticas en materiales de interpretación pública; por eso también deja un rastro editorial y museográfico.

La Fundación Juan March presenta, por su parte, una conferencia titulada Historia de la comida en España (II): Los alimentos que vinieron de Occidente. La página la describe como un recorrido por la historia de la comida española a través de alimentos y recetas legados por distintas épocas y culturas. En este caso, el dato verificable es el enfoque anunciado por la institución, no una conclusión concreta de la conferencia. Aun así, revela que la historia alimentaria podía comunicarse al gran público como una historia de intercambios y herencias.

Museos, vocabulario local y dulces

El folleto Golmajería, vinculado al Museo de La Rioja y fechado en 1998, aporta una escala distinta. Sus fragmentos asocian La Rioja Baja con golosinas y dulces, y explican que “golmajo” es el goloso. La publicación se relaciona con la colección etnográfica del museo. Es una evidencia limitada, pero valiosa: muestra que el vocabulario de lo dulce puede formar parte de una lectura territorial y patrimonial.

No conviene extender esa observación más allá de lo que la fuente permite. El resultado disponible no enumera piezas, fábricas, recetas ni cronologías de la colección. Pero sí abre una cuestión útil para la investigación retro: los dulces no solo se recuerdan por su sabor o envoltorio; también pueden quedar inscritos en nombres locales, fondos museísticos y prácticas de clasificación cultural.

El producto popular y sus límites documentales

Una fuente sectorial, SweetPress, sitúa en 1958 la invención española del Chupa Chups por Enric Bernat y lo describe como un caramelo unido a un palo. El hecho queda fuera del arco principal 1970–2009, pero ayuda a precisar una diferencia esencial. Una historia de la alimentación puede incluir productos populares y golosinas; no obstante, para explicar su evolución posterior harían falta fuentes específicas sobre distribución, publicidad, fabricación, cambios de diseño o consumo. Esos datos no están presentes en la evidencia proporcionada.

También por eso este artículo evita convertir una cronología académica en un relato automático de innovación comercial. Que el estudio de la alimentación se consolidara como campo no prueba, por sí mismo, cómo cambió cada caramelo. Del mismo modo, que un museo emplee la palabra “golmajería” no permite generalizarla a toda España. El valor editorial está en identificar el tipo de fuente y el alcance de cada afirmación.

2009: mirar la historia de quienes escribieron historia

En 2009, María de los Ángeles Pérez Samper publicó en Chronica Nova el artículo La historia de la historia de la alimentación. La ficha de la Universidad de Granada identifica el volumen 35 de la revista, sus páginas 105 a 162 y su inserción en un número dedicado a la vida cotidiana en la España moderna. La coincidencia entre título, revista y tema confirma que la reflexión metodológica sobre alimentación tenía un lugar reconocible dentro de la investigación histórica.

La Biblioteca Nacional registra también títulos de 2009 relacionados con rutas gastronómicas y mesas históricas. No es posible inferir sus planteamientos a partir de las fichas breves disponibles, pero su presencia ilustra la diversidad de la bibliografía: junto a artículos universitarios aparecen libros orientados a territorios, mesas y recorridos culinarios.

Conclusión: aprender a leer lo comestible

Entre 1970 y 2009, las referencias disponibles no trazan una línea única ni autorizan una historia total de la comida española. Trazan, en cambio, un mapa de mediaciones: bibliografías, investigación universitaria, exposición, museo, divulgación y prensa sectorial. En ese mapa, la alimentación aparece como necesidad material, repertorio de técnicas, lenguaje cultural, memoria territorial y tema de museo.

La lección para una mirada retro es menos espectacular que una lista de productos desaparecidos, pero más sólida. Antes de afirmar qué significó una golosina, un recetario o una costumbre, hay que preguntar qué documento lo respalda y qué no puede demostrar. La mesa llega al archivo cuando se conservan sus huellas; la historia empieza cuando esas huellas se leen con contexto y con límites claros.

FICHA DE DATOS
Década
Años 2000
Región
España
Nivel
Aficionado
Entidades
Museum

Fuentes y referencias

  1. * Universidad de Barcelona. LA HISTORIA DE LA HISTORIA DE LA ALIMENTACIÓNdialnet.unirioja.es · 2026-09-22
  2. Museodelariojawww.museodelarioja.es · 2026-09-22
  3. MINISTERIO DE CULTURA Y DEPORTE BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA GASTRONOMÍAwww.bne.es · 2026-09-22
  4. Caramelos y chicles: historia de un dulce milenario en constante evoluciónwww.sweetpress.com · 2026-09-22
  5. Historias y estudios generaleswww.bne.es · 2026-09-22
  6. La historia de la historia de la alimentación | Chronica Nova. Revista de Historia Moderna de la Universidad de Granadarevistaseug.ugr.es · 2026-09-22